En un pequeño pueblo caribeño, todos saben que a Santiago Nasar le quedan pocas horas de vida, todos menos él. Los gemelos Vicario aguardan para asesinarlo, deben limpiar la honra de su hermana Ángela. Tras descubrir que no es virgen, su marido la lleva de vuelta a su casa paterna la misma noche de bodas.
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Nos encontramos frente a una novela corta, pero grande en muchos aspectos que me gustaría resaltar.
Nada más comenzar nos desvela todos los secretos de la trama, conocemos que inevitablemente Santiago será asesinado, que todo el pueblo es consciente de ello y que nadie hace nada por evitarlo, ni siquiera por avisar al propio Santiago, porque todo el mundo da por hecho que él lo sabe, ya que es un secreto a voces. Y pese a todo Gabo consigue mantenerte en vilo hasta la última página, difícil si tenemos en cuenta que comienza narrando el final.
Nada más comenzar nos desvela todos los secretos de la trama, conocemos que inevitablemente Santiago será asesinado, que todo el pueblo es consciente de ello y que nadie hace nada por evitarlo, ni siquiera por avisar al propio Santiago, porque todo el mundo da por hecho que él lo sabe, ya que es un secreto a voces. Y pese a todo Gabo consigue mantenerte en vilo hasta la última página, difícil si tenemos en cuenta que comienza narrando el final.
Las descripciones son las habituales en él, tiene la capacidad de trasladarte a sus escenarios, hacerte pasear por las coloridas calles caribeñas y envolverte en su cálida humedad. Puede llegar a hacer que te sientas igual de ebrio que sus protagonistas, incluso sufras sus posteriores resacas. Pero la descripción más sobrecogedora que realiza es la de la autopsia de Santiago, tanto que llega a marear. Realizada en una casa de cualquier manera, con utensilios inapropiados para el caso, y un ir y venir de vísceras encerradas en un cuerpo en proceso de descomposición que desprende ya unos hedores inaguantables. Suena fuerte pero es verdaderamente impresionante.
Está narrado en primera persona por un testigo presencial, que decide relatarlo 27 años después de la tragedia, con un modo de narración que resulta un tanto periodístico. El caos impera en toda la novela, son muchos los personajes, y todos han sido testigos en mayor o menor medida de los hechos, pero cada uno de ellos cuenta la historia a su manera. Aunque al fin y al cabo no importa, todos llegan al mismo punto. Santiago estaba sentenciado.
Está narrado en primera persona por un testigo presencial, que decide relatarlo 27 años después de la tragedia, con un modo de narración que resulta un tanto periodístico. El caos impera en toda la novela, son muchos los personajes, y todos han sido testigos en mayor o menor medida de los hechos, pero cada uno de ellos cuenta la historia a su manera. Aunque al fin y al cabo no importa, todos llegan al mismo punto. Santiago estaba sentenciado.
Después de tanta novedad, hoy me apetecía rescatar una novela del que se puede considerar un clásico, el Nobel de literatura Gabriel García Márquez. La elegida es "Crónica de una muerte anunciada", novela que el autor escribió apenas comenzada la década de los 80, cuya inspiración le vino por un crimen real ocurrido en el año 1951. Una muestra de aquella sociedad caribeña de principios del siglo XX, donde aún las mujeres gozaban de pocos derechos y donde la honra estaba por encima de todo, incluso de la vida.

